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UNA PAC CADA VEZ MÁS COMPLEJA

El 1 de enero de 2015 entrará en vigor la nueva política agrícola común (PAC). Uno de los objetivos prioritarios de esta nueva PAC es la simplificación, algo que parece estar todavía muy lejos de conseguirse. Por el momento, la sensación que transmiten los diferentes gobiernos y también las organizaciones agrarias, es que se van a producir numerosos errores en la gestión como consecuencia de la complejidad y de la novedad de muchas de las medidas que van a ser de aplicación. El temor que existe no se debe tanto a la importancia de las equivocaciones administrativas o de los beneficiarios, como a las posibles penalizaciones que éstas van a implicar y, sobre todo, a quiénes serán los paganinis de estos previstos incumplimientos.

La Comisión valora flexibilizar su posición a la hora de realizar el seguimiento de la nueva PAC, al menos durante un periodo transitorio todavía por definir. Surge la duda sobre las consecuencias que podría tener esta voluntariosa tolerancia; por ejemplo, ¿qué van a hacer los perceptores de las ayudas al saber que la Comisión va a ser tolerante con los fallos? Seguro que no pocos aprovecharán la circunstancia para ser también flexibles en sus justificaciones e intentar obtener algo más de lo que les correspondería. Es decir, un poco de picaresca que seguro generará un sobre coste a las arcas europeas. Lo que parece más que probable es que un gran número de agricultores tendrán que acudir a profesionales especializados que les ayuden a gestionar las ayudas.

Por otro lado, la PAC es una antigua política europea, la más antigua y la única verdaderamente común, que surgió en 1962. Cuesta creer que a estas alturas, con toda la experiencia acumulada en sus sucesivas reformas y con los años que se lleva diseñando y negociando ésta última, todavía existan tantos cabos sueltos y tantas incertidumbres sobre su puesta en marcha, seguimiento y control. El que la Comisión Europea se vea forzada a abrir la mano para cubrirse las espaldas, es un importante toque de atención a los gestores europeos. Lo que parece meridianamente  claro es que el objetivo de simplificación no se va a conseguir, más bien lo contrario, y que los costes que esto puede implicar, son muy poco justificables. Quizás, lo que habría que plantearse es si la simplificación es un objetivo realista, cuando a lo que se le da prioridad es a considerar las múltiples singularidades de cada territorio y de su sistema productivo, y así ajustar lo más posible las ayudas. En definitiva, no se puede estar en misa y repicando.

About Juan Quintana Cavanillas

Juan Quintana Cavanillas
Director y presentador del programa ‘La Trilla’ en Capital Radio, todos los sábados de 08.00 a 09.00 horas. Columnista desde hace más de 10 años en el Grupo Vocento. Director de comunicación y Asuntos Públicos en la farmacéutica Grünenthal.

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