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Proceso de destilación obligatorio no subvencionado en el sector del vino

El sector del vino ha conseguido cerrar un acuerdo con el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente para poner en marcha un proceso de destilación obligatoria del vino no subvencionada. Todas las organizaciones profesionales agrarias lo han ratificado, salvo UPA. No hay duda de que productores y bodegueros habrían preferido ayudas a la destilación de crisis, pero las arcas públicas no están para muchos dispendios y no queda otra que aceptar este sistema.

Sin embargo, el problema sigue estando latente y será el propio sector quien deberá valorar el desequilibrio oferta demanda y el consiguiente y tradicional exceso de producción. Se constata que las medidas históricas de arranque de viñedo y la gestión de derechos de plantación no han sido suficientes para regular un mercado cuyo volumen de consumo, incluidas exportaciones, no ha crecido todo lo esperado, sobre todo en vinos a granel. Para conseguir este objetivo, las futuras organizaciones de productores vitivinícolas y la demandada interprofesional, deberán jugar un importante papel.

Tal como ha quedado aprobada esta destilación, no habrá aportaciones para financiar la retirada, que deberá ser destinada solo a uso industrial no alimentario. Se ha fijado un tope de 4 millones de hectolitros y solo podrá ser activada cuando se justifique un aumento de producción superior al 50% de la media de los cuatro años anteriores. En la práctica esta medida va a tener un importante efecto en las grandes zonas excedentarias como son Castilla la Mancha y Extremadura y, sobre todo podrá influir en los precios de los vinos a granel.

Otro asunto por el que sí hay que seguir luchando, a pesar de los fracasos cosechados hasta la fecha, es contra la chaptalización, frecuente en países septentrionales. No es otra cosa que añadir azúcar a los mostos para conseguir graduaciones convencionales de los vinos obtenidos, que por menor número de horas de sol, se quedan con niveles bajos. Se puede hacer mediante incorporación de azúcar de caña o de remolacha o mediante mostos concentrados. En este proceso el debate es doble; por un lado eliminar una práctica que obliga a mezclas que no se realizan en España, sin que el consumidor lo pueda diferenciar.

Por otro lado, puestos a incorporar azúcar, mejor para el sector vitivinícola el que proceda de nuestros mostos, lo que permitiría dar salida a parte de los excedentes. La cuestión es que la incorporación de azúcar de remolcha o caña es más sencilla y económica. Además del factor precio, es muy posible que el potente y bien organizado sector remolachero y azucarero centro europeo haya podido con el lobby vitivinícola de los países más meriodionales, en particular del español, que dispone de la mayor bodega de vino a granel de todo el mundo.

About Juan Quintana Cavanillas

Juan Quintana Cavanillas
Director y presentador del programa ‘La Trilla’ en Capital Radio, todos los sábados de 08.00 a 09.00 horas. Columnista desde hace más de 10 años en el Grupo Vocento. Director de comunicación y Asuntos Públicos en la farmacéutica Grünenthal.

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