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El valor de la semilla tecnológica

Nos encontramos en plena época de siembra de cereal de invierno, en un contexto complicado para el agricultor, que ve como los precios caen de forma continuada en el mercado nacional; hasta un 30% de media con respecto a 2012. En esta situación  es frecuente escuchar voces que ponen en cuestión la titularidad de la semilla y el pago de unos derechos de propiedad industrial. Es necesario recordar que las semillas son un input básico del agricultor y el primer eslabón de toda la cadena alimentaria. Es por tanto imprescindible que garanticen la seguridad sanitaria y doten de suficientes prestaciones al agricultor como para hacer viable su explotación. Por ello y a largo de los años, la semilla se ha convertido en una verdadera herramienta tecnológica, una realidad opuesta a lo que buena parte de la sociedad no agraria se imagina.

Detrás de la semilla se encuentra un sector agroindustrial en el que las grandes multinacionales conviven con empresas medianas y pequeñas. Gran parte de ellas necesitan recuperar las enormes inversiones que realizan en I+D para poder seguir investigando y aportando nuevas herramientas tecnológicas, a la vez que rinden cuentas a sus accionistas. De hecho, se trata de uno de los sectores con más inversión en I+D, alrededor del 20%, por encima de otros altamente desarrollados, como la automoción, el farmaceutico, etc.

Sin embargo, es cierto que existe una importante y razonable sensibilidad social por los pequeños agricultores. La llamada excepción del agricultor permite reproducir y utilizar semilla protegida a estos pequeños agricultores sin pago de royalties. Este privilegio se aplica en el caso de cultivos esenciales, como la patata, los cereales, forrajeras y algunas oleaginosas. Para el resto de los agricultores, el reempleo de semilla protegida para uso propio supone en este concepto un coste del 40-50% sobre el aplicado a la compra de semilla. Tampoco podemos olvidar que existen variedades tradicionales no protegidas que son de libre uso por cualquier agricultor y que representan el 10-20% del mercado.

La ley concede a los obtentores unos derechos de propiedad industrial que les permite recuperar las inversiones realizadas, a la vez que aseguran el progreso sostenible de la agricultura.  Sin esta protección, los programas de investigación serían inviables y nada impediría que terceros se beneficiaran comercialmente de forma fraudulenta.

Pero lo más importante es que de no proteger la semilla, se dejaría sin una potente herramienta tecnológica al agro. Supondría dar un paso atrás en la mejora productiva, poniendo en riesgo el necesario aumento de la producción alimentaria. Todo ello sin olvidar  que la caída de la productividad implicaría un incremento de precios en los alimentos y, en muchos casos, una renuncia a la mejora de sus cualidades nutricionales o a su misma disponibilidad en los mercados.

 

About Juan Quintana Cavanillas

Juan Quintana Cavanillas
Director y presentador del programa ‘La Trilla’ en Capital Radio, todos los sábados de 08.00 a 09.00 horas. Columnista desde hace más de 10 años en el Grupo Vocento. Director de comunicación y Asuntos Públicos en la farmacéutica Grünenthal.

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