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EL VACUNO DE CARNE, UN SECTOR EQUILIBRADO

La Feria Internacional para la Producción Animal (FIGAN) en su 14 edición, reunió a finales del pasado mes en Zaragoza a la vanguardia del sector agroganadero, en particular enfocado a los últimos avances en innovación y tecnología. Pero sobre todo fue una nueva oportunidad para ver cómo algunos sectores, como el vacuno de carne, muestran las fortalezas de una ganadería desde sus plataformas asociativas. Es el caso de la  joven y activa Interprofesional del Vacuno de Carne (Provacuno), que acudió por primera vez a este evento, o la experimentada Asociación de Productores de Vacuno de Carne (Asoprovac), que se enfrentan, no solo a los vaivenes del mercado, sino también a determinadas corrientes sociales que ponen en cuestión aspectos medioambientales, de salud y de bienestar animal.

El año 2018 tuvo dos escenarios bien diferenciados para este sector. Los siete primeros meses fueron muy positivos debido en gran medida al elevado número de salidas de animales vivos a otros países, en particular a Turquía. A partir de agosto cambió la tendencia y se enfrió el debido a la caída de la demanda turca. En la actualidad el mercado está en récords históricos, y mientras que en el resto de Europa están bajando las producciones, España se encuentra en un periodo expansivo. Se trata de un sector en crecimiento, que en la actualidad ocupa la quinta posición en producción de carne en Europa. Si agregamos carne con animales vivos adelantaríamos una posición en el ranking. A nivel mundial, somos el decimotercer país más exportador.

En torno a este sector, al igual que sucede en general con la ganadería, se ha abierto un debate social que pivota en torno al medioambiente, la salud y el bienestar animal. En primer lugar es importante destacar que, como cualquier actividad productiva, consume recursos y genera residuos, como los gases de efecto invernadero (GEI). Pero los datos hay que ponerlos en contexto y están muy alejados de las grandes magnitudes que muchas veces se usan a la ligera. La realidad es que el 11% de los GEI proviene del sector agrario, y la ganadería es responsable del 5%, lejos del 50% que representan la industria y el transporte. Por otro lado, es necesario hacer un balance neto, no solo de emisiones. Sobre este particular se olvida que son muchos los servicios ecosistémicos que proporciona la ganadería rumiante. Por ejemplo, fija una gran cantidad de carbono a través de los pastos. Yendo a una situación extrema, su desaparición tendría muchos más efectos negativos para el medioambiente que positivos.

Por tanto, es necesario trabajar y avanzar técnica y tecnológicamente para reducir las emisiones e incrementar sus aportaciones. En esta línea el proyecto Beef Carbon, al amparo de la iniciativa europea medioambiental Life, tiene como objetivo reducir los GEI un 5% en 10 años, además de formar a los ganaderos para la mejora en la gestión. Todo ello con el apoyo de un observatorio de emisiones a nivel europeo y nacional, y de la creación de un plan colectivo entre cuatro grandes países productores, como son Irlanda, Italia, Francia y la propia España.

Desde la perspectiva alimentaria, la carne forma parte de la tradición gastronómica y cultural de nuestro país, lo que no es una garantía nutricional, pero si un factor a considerar. Nuestra especie ha evolucionado tal como lo ha hecho, en buena medida, porque comenzamos a consumir carne. Desde el punto nutricional hay evidencia científica de sus beneficios, siempre que sea parte de una dieta equilibrada, compartida con todos los grupos de alimentos. Se discute mucho sobre la posibilidad de sustituirla por otras proteínas de carácter vegetal. Es una opción, pero no es razonable. Contra lo que muchas personas piensan, no todas las proteínas son iguales. La de origen animal es de alto valor biológico, y contiene todos los aminoácidos esenciales, no así las de origen vegetal. Por ejemplo, la vitamina  B12 se encuentra presente solo en la proteína animal, por lo que las dietas sin esta proteína necesitan ser suplementadas.

Por otro lado, hay que recordar que una alimentación basada en proteína vegetal exigiría el cultivo de mucha más superficie, y la capacidad de poner en producción más tierras agrícolas es muy limitada, con un margen de crecimiento que solo ronda el 4% Además, otro factor muy relevante es que se estima que alrededor de mil millones de personas en el mundo viven de la cadena de producción ganadera.

En cuanto al bienestar animal, es cierto que unas pocas excepciones están haciendo mucho daño a un sector que cumple con un norma muy exigente. Pero no solo eso, cualquier ganadero profesional sabe que un animal con bienestar, es mucho más productivo que otro mal cuidado.

Quizás lo que necesita el sector es dedicar más tiempo y recursos a abrirse a la sociedad y a mostrar y discutir estos y otros muchos aspectos de la producción de carne, que preocupan, pero que todavía son desconocidos para buena parte de los ciudadanos.

About Juan Quintana Cavanillas

Juan Quintana Cavanillas
Director y presentador del programa ‘La Trilla’ en Capital Radio, todos los sábados de 08.00 a 09.00 horas. Columnista desde hace más de 10 años en el Grupo Vocento. Director de comunicación y Asuntos Públicos en la farmacéutica Grünenthal.

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